Igual una noche de confusión conoces a un polaco, y como sigue la confusión, lo ve
s más de una noche. Un día te dice, con tono misterioso: “Te voy a llevar a un sitio”. Tú haces tus cábalas: “ummm, restaurante chic, concierto molón, café con dulces de chocolate maravillosos, ...”. No, no, qué va (“Qué va, qué va,… yo no leo a Kierkegaard”), se trata de una visita al bosque a las 8 de la tarde. Y ahí vas tú, toda mona, paseando por un bosque en la oscuridad, con mosquitos tigres chupándote la poca sangre que te queda. Durante el paseo tu acompañante, el cual va muy feliz, como andando por casa, te saca temas amenos, como el del elevado porcentaje de suicidios de polacos en bosques...Ays, no saben cómo enamorar!Y tú, que no quieres ser aguafiestas ni amargarle la tarde, en tono cortés le pides que volváis a la civilización. Y ahí, en medio de la conversación, te das cuenta de que hay un cementerio a tus espaldas. Todo muy conmovedor o romántico (¿!!?).
Abandonáis el lindo bosque solitario lleno de sonidos enigmáticos y tu acompañante se gira hacia ti y te dice: ¿te ha gustado? ¿podríamos venir la próxima semana a buscar setas?

